El propósito del dolor

"Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su
cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.

Un día, mientras el amanecer apenas despuntaba, un hombre observó un pequeño capullo que temblaba en silencio. Dentro, una mariposa luchaba por abrirse paso a través de una diminuta rendija.
Durante horas la vio esforzarse, detenerse, volver a intentar… hasta que el hombre, movido por compasión, decidió ayudarla.
Tomó unas tijeras y cortó suavemente el capullo para facilitarle la salida.

La mariposa emergió, sí, pero su cuerpo estaba débil, su abdomen inflado y sus alas arrugadas. El hombre esperó que, con el tiempo, se fortaleciera y emprendiera vuelo.
Sin embargo, aquel momento nunca llegó. La mariposa pasó el resto de su vida arrastrándose, sin poder alzar el vuelo que la naturaleza le había prometido.

El hombre no comprendió que el esfuerzo de salir del capullo era necesario, que cada intento doloroso servía para que la vida empujara la fuerza hacia sus alas.
Solo a través de la lucha podía la mariposa prepararse para volar.

Con los años, entendí que nosotros también somos como esa mariposa.
A veces pedimos a Dios que nos libre del dolor, sin entender que Él no busca que suframos, sino que crezcamos.
Cada prueba, cada obstáculo, cada lágrima tiene un propósito: fortalecer nuestras alas invisibles.

Si todo nos fuera fácil, si la vida no nos enfrentara a sus capullos estrechos, nunca desarrollaríamos la fuerza necesaria para elevarnos.
El dolor, cuando se abraza con fe, se convierte en impulso.
Las lágrimas, cuando se ofrecen con esperanza, se transforman en vuelo.

Así es como Dios nos enseña a ser libres:
no quitándonos los desafíos,
sino dándonos el valor para atravesarlos.

Porque solo quien ha luchado contra su propio capullo,
entiende el verdadero significado de volar.



Solo pedí


Fuerza... y Dios me dio dificultades para hacerme fuerte.
Sabiduría... y Dios me dio problemas para resolver.

Pedí prosperidad... y Dios me dio cerebro y músculos para trabajar.
Valor... y Dios me dio obstáculos para superar.

Pedí amor... y Dios me dio personas con problemas a las cuales ayudar.
Favores... y Dios me dio oportunidades. 

No recibí nada de lo que pedí...Pero he recibido todo lo que necesitaba.
Vive la vida sin miedo, enfrenta todos los obstáculos y demuestra que puedes superarlos.

“Te basta con mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:9.)