No
importa lo que tardemos en contactarnos, nuestra relación está por encima de la
circunstancia que nos unió, seguimos siendo dos soñadores románticos tomados de
la mano, entrelazados en soledad, traspasando una distancia que a veces nos
agobia sin imponernos condición, pero nos pensamos, nos pertenecemos, nos
delineamos y asimilamos como la vida misma al robarle unos minutos al tiempo,
nos queremos de una forma indescriptible teniendo el mayor porcentaje de los
recuerdos… una voz ocasional, unas letras escasas que nos llenan... que nos
llaman...
Tú,
Mi Ángel... silencio y pensamiento, con mi recuerdo surcas el mar para llegar a
mí, yo, tu libertad, surco el cielo para estar contigo y allí donde nadie
imagina, entre letras y amaneceres nos mantenemos, de alguna forma alimentamos
en la medida de las posibilidades nuestros espíritus con la compañía del
pensamiento, ése que nos unió, ése que nos permitió mostrarnos como somos,
sinceros y leales, desinteresados a un sentimiento aceptando la realidad de
cada uno.
Seguimos
poseyendo la luna, las estrellas, una parada frente al mar que nos posesiona,
que nos trae y abraza el calor del alma, la energía de nuestros corazones,
quizás por eso, esperamos algún día aunque sea tan sólo un instante para
atesorar el roce de la piel, el olor de lo real, los latidos del corazón y las
miradas que sabemos bien quedarán en nosotros para siempre, ya que siempre
seremos lo que quisimos ser juntos aunque estemos separados, dos locos
soñadores y románticos que se encontraron y que nunca se dejarán a pesar de la
distancia.
Tú
y yo, en el mismo momento que nos permitimos ser magia, ganamos, acertamos en
creer y ahora sin hacer ya el más mínimo esfuerzo, logramos tener la fuerza y
fe de un sentimiento inexplicable, que está latente y lleva el mismo ritmo de
los latidos, que está libre y lleva el mismo olor del viento, que vive, crece y
no muere, porque cada día nos inmortalizamos nosotros mismos y nos ayudamos a
seguir siendo dos soñadores del amor