¿DERECHO A LA MUERTE?Nadie sabe cómo ni cuando le llegará su muerte, pero desconocer la fecha y el modo ¿podrá ocultar su inexorabilidad?. La medicina ha puesto en manos de sus profesionales recursos para alargar la vida más allá de la vida, para prolongar las constantes vitales por encima de la conciencia de una vida que difícilmente puede sentir que lo es. Pero ¿que amor es ése que prolonga el dolor ante lo ineluctable? Nadie desea morir; pero si el moribundo carece de toda posibilidad razonable de recuperación, ¿prolongar su vida artificialmente no es más que la prolongación de su dolor? ¿La muerte será el final de su agonía ? ¿sera la liberación del dolor?.
En 1935 apareció en Inglaterra la asociación EXIT ("Salida"), la primera que defendió el derecho a morir. Su nombre actual es "Voluntary Euthanasia Society" (VES), modelo en el que se han inspirado las múltiples asociaciones similares que se han ido creando en el mundo. Hoy tiene 8.000 socios, pero hombres de la talla de Julian Huxley, Georges Bernard Shaw y Herbert George Wells se contaron entre sus adherentes. En 1938 se formó la "Euthanasia Society of America", que llegó a solicitar en las Naciones Unidas la inclusión del derecho a morir en la declaración universal de derechos humanos. En 1967, esta asociación creó el "Euthanasia Educational Found", para emprender un programa de enseñanza y educación pública de este tema.
Hoy, más que nunca, el hombre se encuentra ante el misterio de la muerte. Debido a los progresos de la medicina y en un contexto cultural con frecuencia cerrado la experiencia de la muerte se presenta con algunas características nuevas. En efecto, cuando prevalece la tendencia a apreciar la vida sólo en la medida en que da placer y bienestar, el sufrimiento aparece como una amenaza insoportable, de la que es preciso librarse a toda costa. La muerte, considerada «absurda» cuando interrumpe por sorpresa una vida todavía abierta a un futuro rico de posibles experiencias interesantes, se convierte por el contrario en una « liberación reivindicada » cuando se considera que la existencia carece ya de sentido por estar sumergida en el dolor e inexorablemente condenada a un sufrimiento agudo. En semejante contexto es cada vez más fuerte la tentación a la eutanasia, a decidir la muerte. esto es, adueñarse de la muerte, procurándola de modo anticipado y poniendo así fin «dulcemente» a la propia vida o a la de otros. En realidad, lo que podría parecer lógico y humano, al considerarlo en profundidad se presenta absurdo e inhumano. Estamos ante uno de los síntomas más alarmantes de la «cultura de la muerte», que avanza en nuestra llamada sociedad del "bienestar".
Hay casos de enfermos con daño cerebral, que subsisten conectados a aparatos terapeuticos, ¿en estos casos podemos tomar el derecho a decidir su muerte?.
No!! ni aun en estos casos, hoy la medicina ha avansado mucho y existen los llamados «cuidados paliativos», destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado. En este contexto aparece, el problema de la licitud del recurso a los diversos tipos de analgésicos y sedantes para aliviar el dolor del enfermo, cuando esto comporta el riesgo de acortarle la vida. pues en este caso no se quiere ni se busca la muerte, aunque por motivos razonables se corra ese riesgo, simplemente se pretende mitigar el dolor de manera eficaz, recurriendo a los analgésicos puestos a disposición por la medicina.
No!! ni aun en estos casos, hoy la medicina ha avansado mucho y existen los llamados «cuidados paliativos», destinados a hacer más soportable el sufrimiento en la fase final de la enfermedad y, al mismo tiempo, asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado. En este contexto aparece, el problema de la licitud del recurso a los diversos tipos de analgésicos y sedantes para aliviar el dolor del enfermo, cuando esto comporta el riesgo de acortarle la vida. pues en este caso no se quiere ni se busca la muerte, aunque por motivos razonables se corra ese riesgo, simplemente se pretende mitigar el dolor de manera eficaz, recurriendo a los analgésicos puestos a disposición por la medicina.
La eutanasia es una grave violación de la Ley en cuanto eliminación deliberada de una persona humana y por tanto moralmente inaceptable. La eutanasia, debe considerarse como una falsa piedad. En efecto, la verdadera «compasión» nos hace solidarios con el dolor de los demás, y no buscar eliminar a la persona cuyo sufrimiento no se puede soportar. El gesto de la eutanasia aparece aún más perverso si es realizado por quienes --como los familiares-- deberían asistir con paciencia y amor a su allegado, o por cuantos --como los médicos--, por su profesión específica, deberían cuidar al enfermo incluso en las condiciones terminales más penosas. La opción de la eutanasia es más grave cuando se configura como un homicidio que otros practican en una persona que no la pidió de ningún modo y que nunca dio su consentimiento. Se llega además al colmo del arbitrio y de la injusticia cuando algunos, médicos o legisladores, se arrojan el poder de decidir sobre quién debe vivir o morir. De este modo, la vida del más débil queda en manos del más fuerte, se pierde el sentido de la justicia en la sociedad y se mina en su misma raíz la confianza recíproca, fundamento de toda relación auténtica entre las personas. El respeto absoluto de toda vida humana inocente exige también ejercer la objeción de conciencia.
El vivir o morir no corresponde a nosotros decidirlo, la vida comienza con la concepcion y en ese momento Dios nos inyecta parte de èl, (Gn 2:7) y solo a el corresponde el momento de quitarla.
La vida no es negociable. Si la libertad, el honor, la educación, etc. son bienes irrenunciables, con más razón todavía lo es la vida, raíz primordial de todos esos bienes y primero y fundamental de todos los derechos. En efecto si nadie puede privarse de su libertad, enajenándola por medio de un contrato de esclavitud, nadie puede tampoco privarse de la vida, que está menos aún a nuestra disposición que la libertad misma: la vida se nos presenta como algo previo y envolvente, que es más que nosotros mismos. Por esos, en el interior del ser humano resuena una voz que nos dice: “No mates, no te quites la vida; escoge siempre vivir, que te sorprenderás de nuevo de sus insospechadas imposibilidades. Es muy preocupante que esta voz interior a favor de la vida no sea hoy percibida y más grave aún pretenda ser opacada con leyes que buscan establecer una cultura de muerte”.