Gracias Dios


Querido(a) amigo(a):

Te escribo esta carta en este día para decirte que tú eres una persona muy especial, sobre todo para Dios. A veces pensamos que no valemos nada, que solamente vivimos para ocupar un espacio en este mundo y que no sabemos por qué y para qué.

 Te quiero decir que esto no es verdad. Tú eres alguien importante que vale mucho, comenzando por el simple hecho de que Dios te creó. Él formó cada parte de tu cuerpo y cada detalle en el vientre de tu madre, como dice en el Salmo 139.13, y como te formó, Él sólo quiere lo mejor para ti.

 Amigo(a), te quiero decir que eres tan importante para Dios que el envió a su Hijo, Jesús para pagar el precio de nuestros errores en aquella cruz para que fuésemos salvo de las cosas terribles y malas de este mundo que nos llevan al castigo eterno. (Jn 3:16)

Hoy te quiero confirmar que Cristo es real y Él me salvo, y desde el día en que lo conocí no he vuelto a ser el mismo. Hace un tiempo años atrás conocí a Jesús en un retiro, y créeme que antes de conocerlo decía que “ni loco sería cristiano” y prefería morirme antes de ser cristiano.

En un momento de mi vida, cuando me sentía solo y triste, tomé la decisión de acudir al Señor. Clamé de corazón a Dios, busque ayuda y aprendí el valor de la Eucaristía y desde ese día hasta hoy no he podido dejar ni un solo día sin orar y encontrarme con Cristo en la Eucaristía(Jn 17:3), porque Él lleno completamente mi vida. Desde ese día en adelante empecé a notar cambios, sentía paz, veía a las personas de forma distinta, podía perdonar fácilmente, ya no guardaba rencor, tenía ganas de vivir. Algo hermoso que no puedo explicar, y es que, todas las mañanas al levantarme siento una alegría tan grande.

Después Dios me enseño que había nacido de nuevo, que había sucedido lo que dice la Biblia “De modo si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí son hechas nuevas”. (2Cor 5:17) Tantas cosas y muchas más ha hecho Dios, que si lo escribiera sería tan largo que tardarías mucho en leer.

Te digo, amigo(a), de todas las decisiones que he tomado en mi vida, optar por Cristo ha sido la más sabia y la mejor. Decidir por dejar que Cristo sea tu Señor, es decir: “Dios, yo sólo no puedo, te necesito, acompáñame en mi vida”. Ten por seguro que Dios no se molestará en hacerlo, será un placer para Él. Si quieres decidir por Cristo solamente pídeselo, habla con Él.

Puedo decir que ahora soy una mejor persona, la lucha en este mundo continúa, los problemas siguen todavía, pero ahora dependo del Señor y cuento con Su respaldo y veo como cada día interviene en mi vida.

Dios te bendiga,

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”(Ap 3:20)